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Martes 20 noviembre 2018
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De política y cosas peores

Armando Fuentes/Agencia Reforma

CIUDAD DE MÉXICO 9-Mar .- Esta señora se llama Ana y se apellida Conda. Quizá su nombre explica por qué oprime a su esposo, don Resignio. Empieza a decir el infeliz: “Yo opino…”. Y su fiera consorte lo interrumpe: “¡Tú no opinas nada!”. Dice él: “Está fresca la mañana”. Y ella, burlona: “Claro. Es de hoy”.

Don Resignio le contó muy divertido: “Hicieron una encuesta en la oficina, a ver quién era el más indejo de la compañía”. “¿Ah sí? -preguntó con desabrimiento doña Ana-. ¿Y quién sacó el segundo lugar?”. En fecha próxima seguiré haciendo la reseña de los hechos y dichos de doña Ana Conda, el nuevo personaje de esta columnejilla. Afrodisio caminaba presuroso por la calle. Un amigo le preguntó: “¿A dónde vas tan de prisa?”.

Respondió el salaz sujeto sin detenerse: “Mi compadre Calillas me acaba de contar  que tuvo un pleito con su mujer, y por eso le hizo huelga conyugal: no le hará el amor hasta que ella le pida una disculpa”. Volvió a inquirir el otro: “¿Y por qué te apresuras?”. Contestó Afrodisio: “Voy a hacerle al esquirol con la comadre”. La mujer de la Edad de Piedra le propinó un garrotazo al troglodita y lo dejó sin sentido.

En seguida lo estiró por los pelos y lo metió a su cueva. Le explicó a su vecina: “Son tan tontos que a veces tiene una que tomar la iniciativa”. Me alegra saber que Margarita Zavala va ganando terreno en la carrera por la Presidencia. Al parecer su cercanía con el ex Presidente Calderón no está influyendo en sus posibilidades como candidata. Sucede aquí algo semejante al caso de Hillary Clinton en relación con su esposo: lo hecho -y lo desecho- por él no la ha beneficiado ni perjudicado, sino todo lo contrario. Igual con Margarita: se está imponiendo por sus propios méritos; cuando se habla de ella no hay nadie que mencione lo que su marido hizo -o deshizo-. Un dicho ranchero afirma que una cosa es Chana y otra su hermana. Pues bien: una es la señora Zavala y otro muy diferente es Calderón. Incluso hay quienes dicen que Margarita es mucho más inteligente que Felipe.

Eso no debe extrañar: todas las esposas son mucho más inteligentes que sus maridos. Pero tal señalamiento se hace para afirmar la absoluta independencia que en materia de política guarda la precandidata frente a su consorte. Es importante la participación de una mujer en la contienda por la Presidencia, y más si la dama tiene las cualidades de talento, honestidad y dedicación de Margarita Zavala. Un veterano de guerra le dijo a otro: “¿Recuerdas que cuando estábamos en campaña nos daban un producto para quitar el deseo sexual?”. “Sí -evocó el otro-. Lo recuerdo”. “Bien -completa el primero-.  Yo me casé con un producto parecido”.

Pirulina, muchacha sabidora, le dijo en la oscuridad del cine a Simpliciano, joven sin ciencia de la vida: “Ya saca las manos”. ¡Y es que el indejo las tenía metidas en los bolsillos del pantalón!… Dulciflor llegó al departamento que compartía con su amiga Rosibel. Le dijo muy agitada: “¡Acabo de tener mi primera experiencia sexual!”. “¡Caramba! -se interesó la otra-. ¡Siéntate y cuéntamelo todo!”. “Contártelo sí puedo -respondió con voz feble Dulciflor-. Sentarme no”. Cuando el paciente volvió en sí de la anestesia el doctor Ken Hosanna le indicó: “A partir de hoy no fume, no beba, no salga con amigos ni ande con mujeres”. Preguntó con voz dolida el hombre: “¿Hasta cuándo, doctor?”. Respondió el facultativo: “Hasta que acabe de pagarme la operación”. Don Chinguetas le dijo a doña Macalota: “Mañana cumpliremos 15 años de casados. ¿Qué te parece si para celebrarlo vamos al romántico paraje en el que hacíamos el amor cuando éramos novios, y repetimos aquellas horas de pasión?”. Ella accedió, aunque no muy convencida, y juntos fueron al apartado sitio llamado El Ensalivadero.

Estaban en pleno trance de carnalidad atrás de unos arbustos cuando un gendarme los sorprendió in fajanti y les dijo que iba a detenerlos por faltas a la moral. “¡Tenga consideración, señor agente! -le suplicó Chinguetas-. ¡Es la primera vez que hacemos esto!”. “Usted sí -replicó el jenízaro-, pero a ella es la quinta vez que la pesco”. FIN.

MIRADOR.
¿De dónde este viento frío que llegó como visita inesperada? ¿De dónde esta neblina ya olvidada, y esta inédita lluvia marceña, y este cielo que ya no recordaba cómo era el color gris?
La primavera, que empezaba a decirnos sus promesas, escapó de pronto como muchacha sorprendida con el novio por un ceñudo padre. Y nos quedamos solos otra vez con este invierno que se resiste a irse.

A mí me gustan los días nebulosos que invitan al diálogo con uno mismo. Igual me gustan los días primaverales que incitan a la charla con la tierra, es decir con la mujer (o con la mujer, es decir la tierra). A mí me gustan todos los días. Cada uno es un don nuevo, un milagro renovado.
Tomaré en los brazos a este día invernizo para que sienta mi calor.

Le daré un poco de la primavera -empecinada primavera- que siempre va conmigo. Y cuando llegue el nuevo sol lo abrazaré también. Todo en la vida es para abrazarse. Me abraso yo también en ese abrazo, y la niebla se va, y se aquieta el viento, y el gris del alma se pinta con el más azul azul.
¡Hasta mañana!…

MANGANITAS.
“. Un hombre escapó con la esposa de su mejor amigo.”.
“Sé de las ineficacias
que tiene la policía.
Pero encuéntrelo -decía-,
pues quiero darle las gracias”.

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